Formación compartida centro-empresa, una necesidad formativa, para la empleabilidad y la competitividad
Aún siendo inferior al que se registra en España (36,1%, frente al 48,5%), el desempleo juvenil representa una de las grandes preocupaciones a las que como sociedad Euskadi debe también dar respuesta. No sólo por la frustración personal y profesional que ello implica para muchos de nuestros jóvenes, obligados en ocasiones a buscar oportunidades en otros lugares, sino también porque no podemos permitirnos el lujo de perder el talento, el empuje y los conocimientos de generaciones tan altamente cualificadas, precisamente cuando más las necesitamos.
En un país como el nuestro, cuya principal riqueza son sus hombres y mujeres, las posibilidades de adaptación de nuestra economía y de nuestras empresas a un entorno crecientemente exigente y competitivo dependen, por otra parte, cada vez en mayor medida de la preparación, saber hacer y disponibilidad de nuestro capital humano. De ahí que lograr la mejor formación y empleabilidad de nuestros jóvenes, al tiempo que a través de ellos facilitamos a nuestras empresas nuevos recursos de competitividad, de innovación y de mejora sea también nuestra mayor garantía de futuro.
Posibilitarlo requiere como primer gran requisito de una eficaz y directa interrelación entre el sistema educativo y el sistema productivo. Así lo consideró ya hace más de 20 años Confebask cuando junto al Gobierno Vasco puso en marcha como iniciativa piloto el Programa de Formación Profesional Compartida. Un programa pionero basado ya en aquel momento en el modelo de formación dual alemán al que hoy se mira como alternativa desde otros ámbitos, dados sus buenos resultados en términos de empleo. Un programa que, reconvertido luego en Programa de Formación en Centros de Trabajo, ha abierto también en Euskadi a muchos de nuestros estudiantes de FP una puerta al empleo, permitiendo que una gran parte de ellos acabaran trabajando para la misma empresa en la que realizaron sus prácticas.
Además de las reformas que puedan emprenderse en otros aspectos del mercado laboral para impulsar el empleo en general y el juvenil en particular, consolidar y reforzar este tipo de iniciativas, caminar hacia una formación compartida centro-empresa de nuevo cuño, que englobe tanto a la formación profesional educativa, como a la formación profesional para el empleo bajo un único modelo y que, desde el principio permita a nuestros jóvenes compatibilizar la adquisición de conocimientos en el centro formativo con la puesta en práctica de los mismos en la propia empresa sería, sin duda, una buena noticia para ellos, para nuestro tejido productivo y para el conjunto de nuestra sociedad. No sólo estaríamos recogiendo el fruto de muchos recursos y esfuerzos dedicados a la formación, sino también asentando nuevas bases de competitividad y de empleabilidad para el mañana.
Y si estamos hablando de iniciativas formativas, por un lado, de inserción laboral, por otro, y de mejora competitiva para las empresas y la industria vasca como tercer elemento angular, es igualmente importante que las políticas orientadas a este fin tanto desde el ámbito público, como desde el privado ahonden en la colaboración, sintonía, coordinación y esfuerzo compartido que mejor aporte a estos objetivos.
En una economía como la vasca donde el peso de la industria ha sido, es y seguirá siendo, sustancial y donde estamos obligados a dar saltos cualitativos muy relevantes para afrontar las exigencias del nuevo orden económico mundial, la formación profesional integral y el apoyo constructivo a la misma por parte de todos los que vienen participando en este reto (educación, empleo y la propia industria) resulta desde este punto de vista no sólo necesario, sino la mejor muestra de responsabilidad y de compromiso.
En Euskadi tenemos experiencia en este modelo de formación compartida. Ahora sólo nos queda potenciar un sistema que tan buenos resultados nos ha dado en el pasado y que hoy día, en países como Alemania, es una también práctica consolidada.

