Todo mi reconocimiento y apoyo
Las noticias económicas parecen empeñadas en ofrecernos cada día nuevos motivos de sobresalto. Las consecuencias derivadas de las múltiples crisis que padecemos, de los problemas relativos al déficit, a la deuda soberana, al sector financiero, a la Bolsa… los ajustes y recortes, la cuestión griega, los posicionamientos respecto a nuestro país de la UE, de los mercados, de las agencias de calificación, las previsiones de los organismos internacionales… copan los informativos, los periódicos, los digitales… en una suerte de aluvión sin fin.
Más allá de la macroeconomía y de la sensación general de creciente incertidumbre, confusión y hasta de desánimo que ésta hoy nos produce, existe, sin embargo, otro mundo menos publicitado, el de la economía real, cuyo esfuerzo, informativamente menos apreciable y valorado, es, sin embargo, el que en mayor medida está sacando ade
lante este país.
Ciertamente, son las empresas y quienes las conforman los que, pese a las dificultades, posibilitan hoy con su actividad, con el empleo, con sus impuestos e inversiones que las cosas sigan funcionando.
Afrontando muchas de ellas situaciones críticas, con graves problemas de demanda, de financiación, de competencia y obligadas a ajustar hasta el límite sus costes y sus estructuras, a reorganizarse y reinventarse, y asumiendo de forma simultánea exigentes retos de internacionalización, innovación, tamaño, avance tecnológico y posicionamiento en los mercados, las empresas siguen siendo el motor y la base que sustenta el edificio de nuestra economía. Constituyen, al mismo tiempo, un ejemplo de cómo la voluntad, el afán de superación, el sacrificio y el trabajo en equipo de todos sus integrantes es capaz de construir un frente más sólido y resistente contra la adversidad.
Como presidente de Confebask tengo la oportunidad de ver cada día en primera persona todo ese esfuerzo, esas dificultades, esa férrea determinación de nuestras empresas para seguir llevando a cabo los cambios necesarios, para afrontar los retos, para consolidar lo logrado y para trabajar con ahínco por el futuro de todos. De ahí también mi necesidad de reconocerlo, de aplaudirlo, de insuflar ánimo a todas las grandes, medianas y pequeñas empresas vascas a las que esta crisis y los problemas de la macroeconomía están haciendo penar tanto.
Ya sea por necesidad o por virtud las empresas vascas están haciendo todo lo que pueden y más para salir de esta difícil situación que hoy nos toca vivir. Tienen la crisis muy presente, pero ello no les paraliza, ni les desanima. Siguen trabajando, mantienen la maquinaria engrasada y no renuncian a buscar las oportunidades allí donde se encuentren, siendo también importante que en este empeño encuentren el máximo apoyo institucional, político y social.
De ese apoyo de todos y de que las propias empresas se ayuden entre sí, de que las grandes tiren de las pequeñas, de que los grupos tractores acompañen, estimulen y favorezcan el esfuerzo de las pymes para salir al exterior, para avanzar en conocimiento, en tecnología, en innovación y en competitividad va a depender también que contemos con más resortes para ganar la batalla a este desafío y los que vengan. Impulsando nuestras fortalezas, minimizando nuestras debilidades y ayudándonos entre nosotros será a buen seguro más fácil seguir sacando el impulso necesario para resistir, mientras llegan tiempos mejores.
Por todas estas razones, gracias por empeñaros día a día en seguir haciendo esfuerzos para mantener las empresas y para proteger los empleos que las mismas generan.



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